Jugar a videojuegos modifica el cerebro

20140202-204044.jpg

Desde que el concepto ‘plasticidad cerebral’ se abriera paso en el estudio del sistema nervioso, son muchos los trabajos científicos que se han realizado para averiguar el tipo de actividades que son capaces de producir el cambio en la estructura de nuestro cerebro o en su forma de trabajar.

Según las estadísticas, el 40% de los españoles ha jugado a algún videojuego en el último año. Cuando jugar se hace con frecuencia, sabemos que tienen lugar ciertos cambios en nuestras funciones cognitivas como son las capacidades perceptivas o la atención.

Además, jugar puede ir asociado a modificaciones en determinadas áreas de nuestro cerebro. Así lo describen Kühn y Gallinat (2013) en un artículo publicado en la revista Molecular Psychiatry. En su estudio realizaron exploraciones con resonancia magnética a 62 varones adultos y correlacionaron el volumen de distintas áreas cerebrales con la cantidad de tiempo que habrían dedicado a jugar a videojuegos a lo largo de sus vidas.
Los resultados de la investigación mostraron cuanto mayor era la cantidad de tiempo destinada a jugar durante la vida, mayor era el volumen de la sustancia gris de varias estructuras cerebrales: la corteza entorrinal en las regiones parahipocámpicas izquierda y derecha, así como los lóbulos parietal inferior y occipital izquierdos. Estas estructuras son relevantes en la atención visual y el procesamiento dela información espacial necesaria para tareas de navegación.

Pero lo más interesante es que el tipo de juegos practicados por los participantes permitía predecir el volumen de la sustancia gris entorrinal, siendo los más importantes los puzles, los juegos de lógica y los que incluyen plataformas. Los de acción y los basados en rol fueron los que influyeron negativamente sobre el volumen de esa estructura cerebral, según apuntan los autores.

Marisa Fernández, Neuropsicóloga Senior, Unobrain

Si para el año 2014 te has propuesto dejar de fumar, este puede ser un buen consejo

Comer gran cantidad de verduras y frutas puede ayudarte a dejar de fumar, según concluye un estudio de la Universidad de Buffalo publicado en la revista especializada Nicotine and Tobacco Research. Los autores del trabajo siguieron los hábitos de 1000 fumadores mayores de 25 años en Estados Unidos durante 14 meses. Y de este modo comprobaron que la dieta, concretamente el alto consumo de frutas y verduras, era un rasgo común en quienes habían conseguido dejar de fumar durante ese período. Lo que no saben los autores es si aumentar la ingesta de vegetales permite dejar los cigarrillos, o si ese hábito surge en los no fumadores después de abandonar el tabaco.

Por otro lado, el estudio también revela que los fumadores que ingieren más cantidad diaria de fruta y verdura suelen tardar más tiempo en fumarse el primer cigarro del día y son menos dependientes de la nicotina. “Acabamos de identificar una herramienta que puede ayudar a dejar de fumar, o al menos hacerlo más fácil”, asegura Jeffrey P. Haibach. Según el investigador, una posible explicación sería que consumir verduras y frutas con gran cantidad de fibra ayuda a sentirse saciados, y eso reduce las ganas de fumar. A esto se suma que el sabor de las frutas no solo no potencia el sabor del tabaco, sino que incluso lo empeora. “Ese es otro factor que podría ayudar a romper con la adicción al tabaco“, concluyen los científicos.

Fuente: Revista Muy Interesante

Consejos para mejorar la memoria

La fuente de este consejo son la Revista Muy Interesante y la Neuropsicóloga Senior Marisa fernández , y a mi me ha parecido realmente digno de compartir. Son cuatro consejos de actuaciones a realizar para “recordar mejor”:

  1. Darle importancia a lo que hay que recordar. Según un artículo publicado en Applied Cognitive Psychology la motivación ejerce un papel importante en las primeras fases de la memoria prospectiva, pues recordamos mejor hacer aquellas cosas que son más importantes para nosotros porque usamos más estrategias externas.
  2. Intentar no hacer tareas muy complejas hasta el momento en que tienes que recordar realizar el recado. Según Harrison y su equipo (2013), si nos ocupamos con tareas de atención dividida muy complejas que nos exigen mucha concentración y recursos, nos costará más recuperar la instrucción de forma espontánea.
  3. Dormir suficiente. Un estudio publicado recientemente en PLOS One (2013) señala que el sueño mejora nuestra memoria prospectiva hasta dos días después de la instrucción, de dos formas: recordamos mejor el hecho de que hay algo que hacer, y también la tarea concreta que hay que realizar.
  4. Entrenar la memoria de trabajo.  Laskowska y sus colaboradores (2013) han diseñado un juego que pretende trabajar de forma novedosa la memoria prospectiva, aunque según los autores, su eficacia aún no ha sido probada. Hasta que llegue ese día, podemos intentar  entrenar la memoria de trabajo, otro tipo de proceso cognitivo que parece tener un papel importante a la hora de recordar nuestros planes de futuro (Wang y colaboradores, 2013). Existen unos sencillos juegos para entrenar la memoria a corto y medio plazo en la web http://www.unobrain.com/blog/abre-la-caja-juego-memoria-atencion